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Los teatros financiados con fondos públicos deben ser totalmente accesibles para personas con discapacidad sensorial antes de que finalice el año

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MADRID, 27 (SERVIMEDIA)

Todos los espacios dedicados a las artes escénicas de titularidad pública o que reciben financiación pública deberán ser 100% accesibles para personas con discapacidad auditiva o visual el 1 de enero de 2006, mientras que los que funcionan con fondos privados disponen de plazo hasta el 1 de enero de 2030. A partir de entonces, todos estarán obligados a contar con bucles magnéticos y con sistemas que permitan la emisión de subtitulado y de audiodescripción.

Esto es, “tendrán que disponer de los recursos necesarios para garantizar el acceso a la cultura en igualdad de condiciones a este colectivo”, declaró a Servimedia Israel González, director gerente del Centro Español del Subtitulado y Audiodescripción (CSyA), centro asesor del Real Patronato sobre Discapacidad del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, gestionado por la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

Con motivo del Día Mundial del Teatro, que se celebra este jueves, destacó la importancia en este ámbito del Real Decreto 193/2023, de 21 de marzo, por el que se regulan las condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación de las personas con discapacidad para el acceso y utilización de los bienes y servicios a disposición del público.

Además de la eliminación de barreras y de muchos otros requisitos de accesibilidad, la norma ofrece garantías relativas a la accesibilidad de los bienes culturales.

Aunque se publicó en marzo de 2023, la parte referida a centros dedicados a las artes escénicas (teatro, danza, circo, conciertos…) de titularidad pública o beneficiarias de financiación pública entró en vigor el 1 de enero de 2025. Su aplicación para los espacios 100% privados se retrasará al 1 de enero de 2029.

En ambos casos, establece un período de carencia de un año para que “aquellos espacios” que no dispongan de ninguno de los elementos de accesibilidad mencionados, los puedan incorporar. “Ahora bien, muchas salas ya disponen de ellos” en mayor o menor medida, sostuvo, y en su caso, la exigencia de accesibilidad ya ha comenzado”. “Lo mismo ocurrirá para los espacios de financiación privada a lo largo de 2029”.

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REQUISITOS

Según González, un aspecto interesante del Real Decreto es que “alude a un régimen de sanciones”. Esto es, las personas con discapacidad sensorial que a partir del 1 de enero de 2026 acudan a un teatro público y se den cuenta de que no es accesible, podrán quejarse y denunciarlo.

Ello “no significa que el 100% de los espectáculos que se programen tengan que ser accesibles”, precisó. “El Real Decreto obliga a los espacios y dirige sus sanciones contra ellos”, describió, pero “son las compañías las que deben “diseñar una programación accesible”.

Es decir, una cosa es que la sala cuente con la tecnología necesaria para emitir subtitulado o audios que describen la escena y del técnico encargado de su lanzamiento, y “a esto se refiere la obligación”. “La producción de los textos y locuciones y su encaje es otra distinta y corre a cargo de las compañías”, que, de momento, “no tienen las mismas exigencias”.

SÍ SE PUEDE

Con todo, González fue tajante en cuanto a la viabilidad de una programación de teatro 100% accesible. “Tenemos la tecnología. Ahora hay que ponerse las pilas”.

Existen también herramientas que generan subtítulos a partir de un guion, apuntó, exactamente igual que en el cine. Una de ellas es AccEvent, desarrollada por el CESyA para facilitar la accesibilidad de los eventos en directo (teatro, conferencias, etc.) “siempre y cuando se sometan a un guion previo”. “Lógicamente, aquí se pierde toda la parte de improvisación que puede haber en un espectáculo”, admitió.

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Sin embargo, la inteligencia artificial (IA) ha venido a ayudar, y programas como Mercurio-HG consiguen generar subtitulado automático mediante el reconocimiento del habla de los artistas. “El problema, en este caso, es que todavía se producen algunos fallos con términos extranjeros, los nombres propios, etc.”.

En cuanto a las audiodescripciones, se deben redactar los textos y luego locutarlos para ser grabadas. Una persona en sala se encargará de lanzarlas “en los momentos de silencio” durante la función, explicó. Sucede igual en el caso de los subtítulos, prosiguió, pues es preciso que un técnico se ocupe de que su emisión esté coordinada con el diálogo y con lo que sucede en directo.

Por lo demás, ya hay muchas salas que han incorporado el bucle magnético (tecnología que amplifica el sonido y lo limpia de distorsiones para facilitar la audición de quienes utilizan audífonos o implante coclear), pantallas para emitir los subtítulos, y dispositivos con los auriculares que las personas ciegas puedan acceder a la audiodescripción. Y las que aún no lo han hecho, tienen hasta enero de 2026 o de 2030 “en el caso más extremo”. Por ello, González se mostró convencido de que la accesibilidad en el teatro es posible.

LLAMADA A LOS PROFESIONALES

Sí admitió que espectáculos como el circo o la danza pueden ser más difíciles de adaptar. “Aún así, hemos probado distintas posibilidades”. En este punto, destacó la necesidad de contar con los creadores, artistas y profesionales del sector, y puso el ejemplo de las luces de navidad accesibles. “Hablamos con el diseñador del espectáculo para preparar esa audiodescripción, porque una cosa es describir lo que se ve, pero aún más importante es explicar lo que el creador quiso transmitir”.

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“¿Y cómo audiodescribir la danza contemporánea?”, prosiguió. “Pues bien, hemos hecho pruebas”, declaró, “siempre con la participación de los coreógrafos y directores”. A su juicio, “sería ideal” que más personas con discapacidad participasen de la creación cultural. “Todo resultaría mucho más fácil”.

Además, González animó a “diseñar accesible desde el inicio”, porque “si las medidas deben añadirse después”, todo se complica y “el resultado es peor”.

UN DERECHO

González afirmó que desde la jornada de divulgación que el CSyA organizó en octubre de 2024, muchas compañías y salas han contactado con ellos para “ponerse al día”. “Creo que hay interés”, y animó a seguir trabajando en otras medidas de accesibilidad no contempladas en el Real Decreto, como el subtitulado en lengua de signos o la incorporación de mochilas vibratorias para las salas de conciertos y festivales.

“Acceder a la cultura es un derecho de toda la ciudadanía”, y no cabe discriminación por razón de discapacidad. “Este es el empeño de nuestro centro”.

El CSyA asesora, genera nueva tecnología, desarrolla sistemas novedosos de accesibilidad y los prueba, pero también trabaja en la divulgación. “En definitiva, se trata de abrir brecha”. Por ello, González lanzó un mensaje a salas, distribuidoras, productoras, promotores, exhibidoras, creadores y población en general, para que “entiendan que disfrutar de la cultura es un derecho de todos”.

“Las medidas de accesibilidad, por tanto, deben ser obligatorias”, cuesten más o cuesten menos, “las utilicen 4 personas o 400”. “Estamos hablando de un derecho” y, si se consigue que más personas con discapacidad se conviertan en consumidoras o en creadoras, también de una oportunidad para enriquecer el panorama cultural.


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