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Factores sociales como el desempleo o un nivel educativo básico se relacionan “significativamente” con el hígado graso

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MADRID, 26 (EUROPA PRESS)

Una investigación del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (Santander) ha revelado que factores sociales como un nivel educativo básico, una renta baja, el desempleo, la residencia en el medio rural y la presencia de alguna deficiencia física y mental se relacionan “significativamente” con una mayor prevalencia de la enfermedad hepática metabólica, más conocida como hígado graso, la patología hepática más prevalente en España y cada vez más presente entre los más jóvenes.

El estudio, presentado en el 50 Congreso Nacional de la Sociedad Española para el Estudio del Hígado (AEEH), ha analizado una muestra de más de 30.000 pacientes de la cohorte Cantabria de entre 40 y 70 años, mostrando que la mayoría de estos factores, excepto la renta baja y la residencia en el medio rural, también se relacionan con un mayor riesgo de evolución hacia la fibrosis avanzada.

Los científicos han resaltado que los pacientes con esta enfermedad tienen puntuaciones “más bajas” en todas las dimensiones de calidad de vida, razón por la que han enfatizado la necesidad de considerar la cuestión socioeconómica en la prevención y manejo de la enfermedad.

EL ICP, “SUPERIOR” AL IMC PARA PREDECIR LA EXISTENCIA DE HÍGADO GRASO

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Otro estudio dirigido por SeLiver Group, del Instituto De Biomedicina De Sevilla (IBiS), ha demostrado que el Índice de Circunferencia Periférica (ICP) es “superior” al Índice de Masa Corporal (IMC) en su capacidad de predecir la existencia y el grado de desarrollo del hígado graso.

Mientras que el ICP correlaciona con los hallazgos histológicos de esteatohepatitis, el grado de esteatosis y el estadio de fibrosis y se asocia con la presencia de fibrosis significativa y avanzada, el IMC no muestra estar asociado “significativamente” con ninguno de estos parámetros, aunque los dos sí correlacionan con los factores metabólicos.

“El ICP permite definir de forma más precisa el trastorno metabólico asociado a la obesidad como factor de riesgo para el desarrollo y progresión” de la patología conocida como hígado graso, “probablemente y en parte debido a su estrecha correlación con los trastornos metabólicos como el control glucémico, lipídico, aterosclerótico y el riesgo cardiovascular”, han concluido los investigadores.

EL HÍGADO GRASO SE DIAGNOSTICA EN FASES MÁS AVANZADAS DE FIBROSIS

Por otro lado, una investigación del Hospital Clínic de Barcelona ha concluido que el hígado graso por alcohol en la población general se suele diagnosticar en fases más avanzadas de fibrosis, que son estadios más graves, que el resto de subtipos de esta patología.

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Los datos muestran que la proporción de pacientes con fibrosis sin hipertensión arterial y con hipertensión arterial fue del 23 por ciento y del 6 por ciento, respectivamente, en pacientes con enfermedad hepática por alcohol.

En comparación un 7 por ciento de los pacientes con fibrosis sin hipertensión arterial estaban asociados con el hígado graso asociado a disfunción metabólica y consumo de alcohol, y tan solo un 1 por ciento de ellos tenía hipertensión arterial; todo ello teniendo en cuenta el análisis de dos cohortes de más de 4.000 pacientes incluidos en programas de cribado de enfermedad hepática.

Un segundo estudio ha demostrado que las mujeres tienen un mayor soporte social, una tendencia a mayor abstinencia y una mayor supervivencia relacionada con una mejor respuesta a corticoides en la hepatitis asociada al alcohol.

LOS BENEFICIOS DE UNA INTERVENCIÓN MULTIDISCIPLINAR

Por último, en el encuentro se ha presentado un tercer proyecto del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona ha concluido que la intervención de un equipo multidisciplinar, incluyendo a médicos y psicólogos, puede llegar a disminuir el consumo de alcohol en más de un 50 por ciento a los seis meses, además de promover la abstinencia.

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Esta investigación ha analizado a 116 pacientes divididos en dos grupos para evaluar un método de cribaje e intervención encaminado a reducir el consumo de alcohol en formas asintomáticas de hepatitis asociadas al consumo de alcohol en pacientes mayores de 30 años. El primer grupo se ha sometido a visitas médicas con pruebas no invasivas (Fibroscan y analítica) e intervenciones psicológicas cada tres meses durante un año, mientras que el segundo grupo se realizaba una intervención psicológica. Ambas partes tenían un grupo control no sometido a intervención.

En el primer estudio, con 42 pacientes y 14 en el grupo de intervención, 21 pacientes tratados frente a cuatro no tratados, lograron una reducción del 50 por ciento del consumo inicial, y cinco pacientes del grupo control requirieron un segundo ingreso en urgencias, mientras que ninguno lo necesitó dentro del estudio.

En el segundo estudio, con 47 pacientes en el grupo intervención y 15 en el control (este último sin datos de seguimiento a la fecha), el 68 por ciento de los pacientes intervenidos presentaron una reducción igual o mayor al 50 por ciento del consumo a los seis meses.


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