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MADRID, 27 (EUROPA PRESS)
El retrato ecuestre de Isabel de Borbón, de Velázquez, ha vuelto a la sala 12 del Museo Nacional del Prado tras su restauración, el pasado mes de octubre, con cicatrices, injertos de tela y añadidos de bandas laterales a la izquierda y derecha de la monarca.
La pintura ha permanecido en sus cuatro siglos de vida en el “entorno acogedor” de las Colecciones Reales y los problemas de conservación que presentaba no se debían a intervenciones “abusivas”, ha explicado el jefe de Colección de Pintura Española del Barroco de la pinacoteca, Javier Portús, pero sí tenía problemas relacionados con las “circunstancias” de su creación.
Concretamente, hacia 1634, el propio Velázquez y los discípulos de su taller añadieron y pintaron dos anchas bandas laterales –de 30 centímetros cada una– para adecuar el lienzo al espacio en el que sería colocado, en el Palacio del Buen Retiro.
El material de estas bandas, y los pigmentos con químicos “significativamente diferentes”, propiciaron una decoloración, que sumada a una serie de repintes posteriores con óleo, que pretendían subsanar daños “puntuales”, conforman los problemas principales.
Además, según ha explicado la restauradora de la pintura, María Álvarez-Garcillán, el retrato a caballo de la reina –que forma parte de un conjunto de otros cuatro retratos de Velázquez a Felipe III, Margarita de Austria y Felipe IV– se instaló en una estancia del Buen Retiro que invadía el hueco de las portezuelas laterales –siguiendo la tendencia de la época del ‘horror vacui’, no se quería dejar ningún espacio sin aprovechar–.
Por eso, para impedir que esta puerta no se pudiese abrir, se tomó la decisión de recortar un cuadrado inferior de la pintura, sobreponerlo en la puerta y coserlo, logrando el efecto deseado: cuando la puerta se abría, la tela se separaba, pero una vez cerrada parecía que el retrato estaba completo. “Cuando se cerraba, se disimulaba”, ha apuntado Portús.
Pese a la restauración, la cicatriz que dejaron los clavos, los agujeros del hilo de cuerda –que se usó para coser esta separación–, los añadidos, y los injertos de tela, sigue formando parte del lienzo, aunque no es fácilmente visibles al ojo del visitante.
Cuando la pintura se descolgó del Palacio del Buen Retiro para llevarla al Palacio Real, en 1775, se recuperaron los trozos cortados de las bandas laterales y se reinsertaron, Andrés de la Calleja los reforzó. Será en los años 2010 y 2011, con todas las “cicatrices” de la pintura, cuando se comienza una investigación técnica para poder realizar los trabajos necesario con “pleno conocimiento de causa”.
“NO HAY NINGUNA ÉPOCA EN LA QUE VELÁZQUEZ TRABAJASE TANTO”
Aunque el autor del retrato es Velázquez, lo cierto es que delegó la creación de esta pintura en varios de sus colaboradores, como Juan Bautista Martínez del Mazo, porque el encargo llegó en un momento de mucho trabajo para el pintor.
“En menos de un año, en 1675, Velázqueztuvo que enfrentarse y solucionar cinco retratos ecuestres y encargos relacionados con la Casa Real. Probablemente no hay ninguna época en su carrera como artista en la que haya tenido que trabajar tanto. Para hacerlo, tuvo que recurrir a colaboradores”, ha explicado Portús.
Así, se estableció un método de trabajo por el cual Velázquez se encargaba enteramente de los retratos más “importantes” –los del rey Felipe IV y el príncipe heredero Baltasar Carlos– y diseñó la composición del retrato de Isabel de Borbón, aunque delegó su ejecución.
Sin embargo, ha avisado Portús, se trataba de una delegación “muy vigilada”, lo que ha tenido consecuencias desde el punto de vista de la conservación de la pintura, porque se pueden ver varias correcciones –en las patas del caballo y el cuello, así como en la vegetación–.
“Fue una delegación vigilada porque Velázquez intervino, y de una manera importante: corrigiendo, rectificando y vigilando todo el proceso. Eso ha tenido consecuencias desde el punto de vista del estado de la conservación de las obras, en la medida en que la superposición de tantas capas dentro de la ejecución de una obra, que con el paso del tiempo, afloran”, ha apuntado el jefe de Colección de Pintura Española del Barroco del museo.
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