
ALMERÍA, 2 (EUROPA PRESS)
El Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) en Almería, dependiente de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, acoge en la sala Jorge Rueda la muestra ‘La piel de toro’, del fotógrafo Larry Mangino, que se podrá visitar hasta el 15 de junio.
Según ha trasladado la Junta en una nota, esta iniciativa complementa la muestra de Eduardo Nave Espacio Disponible, expuesta en las salas Imagina y Afal, en las que el autor certifica la oxidación y el naufragio de las vallas publicitarias.
En ella se exhibe la silueta del toro, obra del dibujante andaluz Manuel Prieto, como el último bastión de la “era de la valla, todavía resistente y firmemente clavado a tierra”, tal y como ha afirmado el director del Instituto Andaluz del Cine y la Fotografía.
Mangino (Arizona, 1956), fotoperiodista de ‘El mundo’, ha explicado que cayó rendido “a la magnificencia y el folclorismo icónico de la valla” la primera vez que la fotografió a través de la ventanilla de un tren, en 1993.
A partir de aquí, empleó los fines de semana de los tres años siguientes rodando en su moto de gran cilindrada por España a buscar toros para alimentar su cámara.
Un viaje que terminó con 30 imágenes escogidas entre más de 100 carretes que protagonizaron un libro y una exposición, que forma parte de los fondos del CAF. Ahora, una selección de ellas se puede ver en Almería.
Se trata de una excepción nacional a la “poética de la desaparición” con la que Gilles Lipovetsky compara esos restos del naufragio de una civilización extinguida que son las vallas publicitarias.
Los toros de Manolo Prieto, que Mangino fotografió al imaginar que eran como los molinos del Quijote, “siguen afirmando su identidad contumaz. Esa que el paso del tiempo también ha cambiado”.
CONTEXTO DE LA OBRA
El toro que el dibujante andaluz Manuel Prieto (1912-1991) concibió en la España de 1956 para simbolizar los valores del brandy ‘Veterano’, reina sobre el pleistoceno publicitario de la capa de oporto ‘Sandeman’ y la botella de ‘Tío Pepe’.
Hasta 1960, las primeras 500 vallas que inundaron las lomas paralelas a las carreteras fueron de madera y alzaban los cuernos –inicialmente blancos– hasta los cuatro metros de altura.
Pero a partir de 1961, ya que la madera no resistía las embestidas climáticas, el toro se hizo fuerte, se solidificó sobre chapa metálica, perdió la debilidad inicial de la blanca cornamenta y se alzó, teutónico, dominando el horizonte hasta siete metros en alto.
Cuando, un año después, en 1962, el Estado obligó a instalar las vallas a no menos de 20 metros del trazado de las carreteras, el toro se replegó, sí, “pero solo para hacerse aún más gigante y más vistoso desde su retaguardia vigilante”: a partir de ahora mediría 14 metros.
Esto lo convirtió en un “símbolo gráfico del desarrollo en la España del Seat 600”, y pasó de ser un “mero anuncio” a convertirse en la “cristalización publicitaria” de la antigua leyenda de la “piel de toro” española.
Cuando en 1988 el Estado decidió eliminar todas las vallas visibles desde una carretera, una oleada de protestas reclamó indultar a un toro. Y así, en 1997, el Tribunal Supremo dictaminó “al fin” que aquellas vallas de Manolo Prieto se habían integrado tanto en el paisaje que su ausencia era “inconcebible”.
Lo habían construido tanto y “cargado de sentido, como bien puede apreciarse en el trabajo de Eduardo Nave, que aquellas vallas eran la prueba gráfica de que el país era una piel metálica de toro”.
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