VALLADOLID, 28 (EUROPA PRESS)
La localidad vallisoletana de Tordesillas recreará este sábado 1 de marzo, a las 12.30 horas, la llegada al municipio de la Reina Juana ‘La Loca’ en el año 1509 que, en este año, contará con la participación de más de 300 vecinos y se desarrollará en el Salón de Actos de las Casas del Tratado.
Este evento está organizado por el Centro de Iniciativas Turísticas (CIT) y según han afirmado en un comunicado recogido por Europa Press, en marzo de 1509 Tordesillas recibió un “extraño cortejo” encabezado por Juana I, reina de Castilla y princesa heredera de Aragón, que viajaba con el féretro con los restos mortales de su esposo, Felipe I, rey de Castilla, archiduque de Austria y duque de Borgoña, fallecido dos años y medio antes en Burgos. Además, “más sorprendente” fue que la residencia de la reina se fijase en la villa hasta su muerte, 46 años después.
En este acto, el papel “más significativo” lo llevará a cabo una vecina de Tordesillas de 29 años, edad que tenía Juana cuando llegó a la villa, también se conocerá a la pequeña que dará vida a Catalina, única hija de la soberana que la acompañó en su viaje a la localidad vallisoletana.
Asimismo, el centro se propuso en el año 2005 recuperar “definitivamente” para Tordesillas la memoria de uno de los personajes “más interesantes” de su historia, cuando Juana I de Castilla fue convertida en una “sombra” por su marido, Felipe ‘El Hermoso’. Tras esto, su padre, Fernando ‘El Católico’, la aisló en el municipio y, finalmente, su hijo Carlos V, la ignoró.
Además, según ha explicado el CIT, su persona permaneció en el olvido durante siglos, y “nadie parece acordarse de ella desde otra perspectiva que no sea la de Juana ‘La Loca'”. Sin embargo, esta mujer “tan maltratada y olvidada”, fue reina de Castilla durante 51 años, hija de reyes y madre de seis reyes; todos sus hijos lo fueron, por todo ello “Juana I ha pasado de ser ignorada a ser protagonista de una parte importante de la historia”.
Así, Juana I de Castilla volverá a Tordesillas acompañada de su padre Fernando; protegida y custodiada por los Monteros de Espinosa -su guardia- llega con Catalina, su hija pequeña, damas de compañía, personal de palacio, y el cuerpo de Felipe el Hermoso cuidado por numerosos monjes que alumbran el paso del cortejo con sus antorchas.
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