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MADRID, 26 (EUROPA PRESS)
El Papa Francisco ha invitado a “ver más allá de las apariencias” y a “olfatear la presencia de Dios en la pequeñez” en su catequesis preparada para la audiencia de este miércoles, hecha pública por la Oficina de Prensa de la Santa Sede. El Pontífice no ha podido pronunciar esta catequesis, al igual que ya ocurrió la semana pasada, debido a que se encuentra hospitalizado en el Policlínico Gemelli a causa de una neumonía bilateral.
“Queridos hermanos y hermanas, imitemos también nosotros el ejemplo de Simeón y Ana, estos ‘peregrinos de la esperanza’ que tienen ojos límpidos capaces de ver más allá de las apariencias, que saben ‘olfatear’ la presencia de Dios en la pequeñez, que saben acoger con alegría la visita de Dios y volver a encender la esperanza en el corazón de los hermanos y hermanas”, señala el Pontífice.
Según recuerda Francisco, “en los relatos de la infancia de Jesús, el evangelista Lucas muestra la obediencia de María y José a la Ley del Señor y a todas sus prescripciones”. “En realidad, en Israel no existía la obligación de presentar al niño en el Templo, pero quien vivía en la escucha de la Palabra del Señor y deseaba conformarse a ella, consideraba que era una práctica valiosa”, precisa
En este sentido, apunta que “María y José no se limitan a insertar a Jesús en una historia de familia, de pueblo, de alianza con el Señor Dios” sino que “se ocupan de su custodia y de su crecimiento, y lo introducen en la atmósfera de fe y culto”. “Y ellos mismos crecen gradualmente en la comprensión de una vocación que los supera con creces”, añade.
También resalta el testimonio de “espera y esperanza” de Simeón, “que alimenta el deseo de que se cumplan las promesas hechas por Dios a Israel por medio de los profetas”. “Simeón abraza a ese niño que, pequeño e indefenso, descansa entre sus brazos; pero es él, en realidad, quien encuentra el consuelo y la plenitud de su existencia abrazándolo”, dice el Papa.
Igualmente, cita la experiencia de Ana, “una mujer de más de ochenta años, viuda, dedicada enteramente al servicio del Templo y consagrada a la oración” que “al ver al niño, celebra al Dios de Israel, que precisamente en ese pequeño ha redimido a su pueblo, y se lo cuenta a los demás, difundiendo generosamente la palabra profética”.
“El canto de la redención de dos ancianos –indica Francisco– difunde así el anuncio del Jubileo a todo el pueblo y al mundo. En el Templo de Jerusalén se reaviva la esperanza en los corazones porque en él ha hecho su entrada Cristo, nuestra esperanza”.
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